viernes 20 de junio de 2008

Pasión

Anoche le vi de nuevo. Apareció en forma de pasión. No, no es que viera la Pasión de Cristo en televisión, no. Me explico. Ayer mantuve una conversación con una persona a la que no conozco en persona. Internet nos da esa oportunidad hoy día. Aunque ya habíamos hablado (o más bien escrito…) en otras ocasiones, ayer me sentí impresionado por sus palabras, por sus convicciones, por su pasión. Descubrí un espíritu con ganas de volar muy alto, que a pesar de su juventud tiene las ideas claras, entre ellas su fe en Jesús. Durante el rato que me fue contando sus proyectos y aspiraciones me sentí transportado y un sentimiento de admiración hacia ese muchacho nació y arraigó en mí.

Anoche le vi de nuevo. Le vi, como casi siempre, en una persona. Él suele presentarse ante mí a través de la gente. Estoy seguro que su mano está en esa pasión desbordante que descubrí, y por tanto mi mano también está tendida para ayudar en lo que pueda a que esos sueños se hagan realidad. Sus sueños ahora son también míos.

lunes 14 de abril de 2008

En mi barca

Ilustración de Diego Granados Pérez

* * *

Qué inmenso es el mar cuando hay que atravesarlo,
cuando la tempestad agita sus aguas.
Qué oscura parece la noche.
Qué pequeña es la barca cuando debes llevar contigo
tantos sentimientos.
Qué solo te sientes bajo el cielo negro.

Pero el mar es tan agradable cuando alguien va junto a ti.
La noche se llena de luz bajo las estrellas que señalan el camino.
La barca se ensancha para compartir, para regalar, para recibir.

En mi barca estás tú.

sábado 5 de abril de 2008

Viaje a Colombia

Participantes de la Pazkua (Foto: Diego Granados)

* * *

Ya han pasado unos días desde mi regreso de Colombia. El trabajo me ha absorbido de nuevo, estoy de pleno en mis actividades habituales. Podría parecer que todo es igual que antes del viaje. No es así. Han cambiado muchas cosas.

Por un lado la vitalidad renovada que siento en mi interior hace que todo lo que hago sea con más entusiasmo, con más ganas y pasión. El viaje ha supuesto una ruptura que ha dado empuje y energía a la vida.

He de poner en lugar privilegiado a las personas con las que he compartido. Para mi Colombia no es un lugar más de los que he tenido la suerte de visitar. Colombia son personas. Personas que me han llegado profundamente, que han estado a mi lado, que han compartido todo conmigo, que han hecho crecer más aún el sentimiento de amor a las personas que me invade desde hace tiempo. Sé que siempre se dice que mejor no decir nombres para no olvidar a nadie, pero yo necesito decir especialmente dos de ellos: Oscar, que me ha abierto las puertas de su casa, de su familia, de su pensamiento, que se ha preocupado a cada instante por mí y Diego, que, prácticamente sin conocerme, ha estado a mi lado compartiéndolo todo: anécdotas, historias, aficiones, anhelos y sobretodo amistad (y casi 2.000 fotografías…)

Otra gran experiencia vivida ha sido la presentación de “Evangelio anónimo”, un monólogo teatral que repasa la figura de Jesús de Nazaret que he representado por diferentes lugares. Pero más que la propia obra de teatro quiero destacar los coloquios que realizamos después de cada representación. He podido compartir mi espiritualidad con muchas personas que han abierto sus mentes y que me han conducido a descubrir ideas y pensamientos que estaban latentes en mi interior y que nunca hasta ahora habían aflorado. He de confesar que en algún momento me he sorprendido a mi mismo al ver lo que respondía a algunas preguntas. ¿De dónde he sacado eso?, me he preguntado en alguna ocasión. ¿De dónde? La respuesta es sencilla…

Y, cómo no, la celebración de la Pascua. La PAZKUA, que es como la hemos llamado allí. Durante cuatro días hemos explorado un nuevo vocabulario, hemos intentado encontrar aquello que buscamos a través de la mirada hacia uno mismo. Jesús se ha hecho presente entre nosotros en palabras, gestos, canciones, miradas, en las personas allí presentes. Jesús murió y vivió en cada uno de los que allí estábamos y nos hizo sentir el amor, el verdadero amor que es el que reside en aquel que camina a nuestro lado, en la gente que camina con nosotros.

Regresaré a Colombia, estoy seguro. Pronto. Siento que me quedan muchas cosas por descubrir en esa tierra preciosa e inmensamente rica. Y también en mí.

Gracias por cada una de las personas que se han cruzado en mi camino durante esta gran aventura. Ya formáis parte de mí.


5 de abril de 2008


lunes 24 de marzo de 2008

Buena Pazkua


sábado 22 de marzo de 2008

Cuatro díaS

Foto: Diego Granados

* * *


DOMINGO

Del Evangelio de Lucas.

El primer día de la semana, muy temprano, fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Pero se encontraron con que la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida y, al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor.


Gritos y llantos.
Palabras entrecortadas.
¿Qué pasa?
¿Qué dicen?
La piedra.
La piedra se mueve,
todo se mueve.

¡No está!

¿Quién lo dice?
Ellas, las mujeres.
Ellas lo dicen.
Son las primeras.

Vacío.
Un vacío que llena de esperanza.
Pero ¿dónde está?
¿Quién se lo ha llevado?
¿Robado?
O quizás...
¿ha vuelto?

No puede ser.
La imagen es muy reciente.
Las espinas, los clavos,
la lanza.
La madera ensangrentada.
Sangre inocente.

¿Será posible?
Si no lo veo no lo creo.
Corramos a comprobarlo.
¿Por qué?
Él lo dijo:

Volveré.

Canción: ELLAS


¿Será cierto lo que dicen?
¿Será cierto lo que hablan?
Dicen que no está.
Hablan del regreso.
El sepulcro está vacío.
Es un rastro de esperanza.
Ellas llegan las primeras.
Ellas son las elegidas.

Prometió que volvería.
Siempre cumple sus promesas.
Dicen que no está.
Hablan del regreso.
Sus palabras lo decían:
volveré al tercer día.

Ellas llegan las primeras.
Ellas son las elegidas.

Ahora sí que está,
ahora sí.
Dicen que le han visto,
ahora sí.
El amor nos ha llegado
la esperanza nos invade.

Ellas llegan las primeras.
Ellas son las elegidas.


Cumple su palabra.
Está aquí.

El silencio de María

Reflexión a propósito del dolor de una madre que pierde a su hijo de forma violenta y sin entender los motivos de su muerte.

* * *
EL SILENCIO DE MARÍA

JUAN: Madre, despierta. Tan solo era una pesadilla.

MARÍA: ¿Madre? ¿Por qué me llamas madre?

JUAN: Jesús lo dijo, ¿recuerdas?

MARÍA: ¿Cómo quieres que lo haya olvidado?

JUAN: Sus palabras resuenan en mi mente: “Madre ahí tienes a tu hijo y tú, ahí tienes a tu madre”.

MARÍA: Sí Juan. Él lo dijo. Pero mi hijo estaba clavado en el madero.



El hijo estaba clavado en el madero.
El hijo había sufrido el dolor de los golpes.
El hijo había sido coronado de espinas.
El hijo había sido insultado, humillado.

Y junto al hijo
la madre sufría el dolor de los golpes,
la madre sentía las espinas clavarse en su frente,
la madre se humillaba por los insultos.

Ella quería cambiarse por él.
Quería ocupar su lugar.
¿Qué madre soporta el sufrimiento de un hijo?
¿Qué madre soporta la muerte de un hijo?

A cada gota de sangre derramada
sus ojos liberaban una lágrima.
El silencio del hijo,
se convirtió en el silencio de la madre.

¿Quizás cedió a la resignación?
No.
Su silencio era silencio de dolor.
Sus sollozos apagados,
la rabia por la impotencia.
Impotencia ante la crueldad de sus semejantes.
Impotencia ante la injusticia.

Y esa impotencia
la clava en el mismo madero
que ocupa el hijo.

María muere lentamente junto a su niño.
María deja ir su último suspiro
junto al último suspiro de vida de Jesús.
María muere clavada en la cruz.

Muere en silencio.
El silencio es su único consuelo.
El silencio.


JUAN: Madre, yo cuidaré de ti.

MARÍA: Mi hijo estaba allí arriba, clavado.

JUAN: Madre, no te abandonaré jamás.

MARÍA: Mi hijo está en el sepulcro.

JUAN: Madre…

MARÍA: Mi hijo ya no está.

Cuatro díaS

Foto: Diego Granados

* * *
SÁBADO

Del Evangelio de Marcos.

Después de ponerlo en un sepulcro que estaba cavado en la roca, hizo rodar una piedra grande a la entrada de la tumba. María Magdalena y María, madre de José, estaban ahí mirando dónde lo depositaban.


Nada.
Eso es lo que queda.
Silencio, desolación,
oscuridad y tinieblas.

Miradas perdidas sobre la madera vacía,
ensangrentada.
Sangre de un inocente.

¡Era inocente!

La piedra se cierra estrepitosamente
sobre la tumba
y cae como una losa pesada
sobre nuestra conciencia.
¿A quién encierra?
¿A él?
¿A nosotros?
Detrás de la piedra no queda nada.
Pero...
¿dónde está el delante y dónde el detrás?
¿Quizás es dentro del sepulcro
donde no queda nada
o el vacío rodea a los que están a fuera?

Escucha...

Nada.
Desconcierto, angustia,
devastación y destrucción.
Las risas de algunos
retumban en las mentes
y se clavan como flechas hirientes
en los corazones afligidos.

Los cobardes siguen escondidos
detrás de puertas y ventanas.
Algunos siguen huyendo.
No queda nada
pero ellos siguen huyendo.
¿Hasta cuando?
Las horas se hacen eternas.
No parece haber final.
Ni principio.
Ni nada.

¡Nada!

Canción: NADA

No hay palabras.
No hay miradas.
No hay sonrisas.
No hay nada.
Los recuerdos son oscuros,
son amargos y confusos.

Un silencio que traspasa.
Son espinas,
son los clavos
y después, nada.

No hay palabras.
No hay miradas.
No hay sonrisas.
No hay nada.
Los recuerdos son oscuros,
son amargos y confusos.

Un silencio ensangrentado.
Es la lanza,
el olvido.
Y después, nada.

No hay palabras.
No hay miradas.
No hay sonrisas.
No hay nada.
Los recuerdos son oscuros,
son amargos y confusos.
Nada.


¿Nada?
Busca, piensa.
Recuerda.
Recuerda sus palabras.
Pan y vino.
Sus palabras
y el pan
y el vino.