
Ángel es una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Puedo afirmar que era mi mejor amigo. Siempre estaba ahí para lo que fuera. Compartimos muchas cosas, confidencias, aficiones, excursiones, comidas, amistades, ... El día 16 de diciembre de 2001 nos dejó para siempre después de debatirse durante dos días entre la vida y la muerte. Tan sólo tenía 39 años. Aquellos días fueron muy oscuros y quedaron reflejados en esta serie de escritos.
* * *
Ángel
10 de julio de 1962 / 16 de diciembre de 2001
I
Ángel que vuelas en dirección al universo
buscando las estrellas.
Ángel que seguirás velando
por nuestras vidas.
Ángel que estarás por siempre
en nuestra memoria, día a día.
Ángel que no dejaremos nunca de amar.
Ángel nuestro.
II
El frío atraviesa la noche
y hiela nuestros cuerpos.
Tu vida se apaga
y hiela nuestros corazones.
III
Suenan los acordes.
Las notas se extienden con el viento.
Es la melodía para ti,
que ya no estás.
La escucho, me llena y se transforma...
Y ahora eres tu mismo quien la canta,
es tu voz que resuena
en lo más profundo de mi ser.
Allí restará como prenda
del tesoro más grande que me podías obsequiar:
es el recuerdo de tu amor
y tu amistad.
IV
¿Como no sentirse desvalido
si en momentos como éste
eras tú quien guiabas?
V
Adiós amigo.
¿Qué más puedo decirte?
De mi todo lo sabías
y no hace falta decir nada más.
Tus ojos todo lo veían,
no hacía falta palabras.
Ahora menos que nunca.
Las palabras se olvidan con el tiempo
pero los sentimientos,
aquellos que nos habitaban,
restan para siempre y nos mantienen unidos
para toda la eternidad.
VI
Dejadme ir al viento,
que ya formo parte de él.
Como brisa que vaga y penetra en los rincones,
abridme vuestros corazones.
Mi voz resuena en las montañas,
las palabras habitan dentro de las mentes.
Soy imagen que brilla en mar de plata,
recuerdo dentro de los ojos para quien está ausente.
Memoria infinita que lleva al pasado.
Anhelos y esperanzas que catamos.
De todos formo parte.
Sois herederos de un pensamiento,
de un afecto.
Herederos de mi amor.
Siempre unidos.
Siempre juntos.
Ahora y siempre.
VII
La noche fría y oscura,
manchada de blanco,
se lleva la vida.
La tuya... y parte de la nuestra.
¿Qué haremos?
¿Cómo pasaremos las noches de oscuridad que llegarán
si eras tú quién nos orientaba por ellas,
para salir de ellas?
Cómo no sentirse desvalido en estos instantes
que son terriblemente eternos...
Eras Ángel que escuchaba,
Ángel que guiaba,
Ángel que compartía,
Ángel que amaba...
Eras Ángel.
Pero el tesoro que nos queda es gran,
único.
Tu legado es aquello que nos mostraste,
aquello que nos dijiste,
lo que nos enseñaste,
lo que cantaste.
Somos tus herederos:
herederos de un pensamiento,
herederos de una mirada,
herederos de una voz,
herederos de tu amor.
Eres nuestro.
Ahora y siempre,
Ángel.
I
Ángel que vuelas en dirección al universo
buscando las estrellas.
Ángel que seguirás velando
por nuestras vidas.
Ángel que estarás por siempre
en nuestra memoria, día a día.
Ángel que no dejaremos nunca de amar.
Ángel nuestro.
II
El frío atraviesa la noche
y hiela nuestros cuerpos.
Tu vida se apaga
y hiela nuestros corazones.
III
Suenan los acordes.
Las notas se extienden con el viento.
Es la melodía para ti,
que ya no estás.
La escucho, me llena y se transforma...
Y ahora eres tu mismo quien la canta,
es tu voz que resuena
en lo más profundo de mi ser.
Allí restará como prenda
del tesoro más grande que me podías obsequiar:
es el recuerdo de tu amor
y tu amistad.
IV
¿Como no sentirse desvalido
si en momentos como éste
eras tú quien guiabas?
V
Adiós amigo.
¿Qué más puedo decirte?
De mi todo lo sabías
y no hace falta decir nada más.
Tus ojos todo lo veían,
no hacía falta palabras.
Ahora menos que nunca.
Las palabras se olvidan con el tiempo
pero los sentimientos,
aquellos que nos habitaban,
restan para siempre y nos mantienen unidos
para toda la eternidad.
VI
Dejadme ir al viento,
que ya formo parte de él.
Como brisa que vaga y penetra en los rincones,
abridme vuestros corazones.
Mi voz resuena en las montañas,
las palabras habitan dentro de las mentes.
Soy imagen que brilla en mar de plata,
recuerdo dentro de los ojos para quien está ausente.
Memoria infinita que lleva al pasado.
Anhelos y esperanzas que catamos.
De todos formo parte.
Sois herederos de un pensamiento,
de un afecto.
Herederos de mi amor.
Siempre unidos.
Siempre juntos.
Ahora y siempre.
VII
La noche fría y oscura,
manchada de blanco,
se lleva la vida.
La tuya... y parte de la nuestra.
¿Qué haremos?
¿Cómo pasaremos las noches de oscuridad que llegarán
si eras tú quién nos orientaba por ellas,
para salir de ellas?
Cómo no sentirse desvalido en estos instantes
que son terriblemente eternos...
Eras Ángel que escuchaba,
Ángel que guiaba,
Ángel que compartía,
Ángel que amaba...
Eras Ángel.
Pero el tesoro que nos queda es gran,
único.
Tu legado es aquello que nos mostraste,
aquello que nos dijiste,
lo que nos enseñaste,
lo que cantaste.
Somos tus herederos:
herederos de un pensamiento,
herederos de una mirada,
herederos de una voz,
herederos de tu amor.
Eres nuestro.
Ahora y siempre,
Ángel.
13 de enero de 2002


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