sábado 8 de septiembre de 2007

Proyecto Chile

Durante el curso 1995-1996, el equipo de pastoral juvenil de Misioneras Corazón de María de Catalunya elaboramos un proyecto de cooperación en Chile. Se trataba de organizar clases de refuerzo escolar para niños y de alfabetización de adultos en la población de Lo Sierra, en el sur de Santiago de Chile. En agosto viajamos 7 personas que, además de realizar lo previsto en el proyecto, nos incorporamos a las actividades diarias de la Capilla Madre de los Pobres: grupo solidario, reparto del vaso de leche, grupo de jóvenes, etc. También pintamos la capilla por fuera y participamos en el día de la solidaridad. Fue una experiencia inolvidable, de las que te marcan para siempre. Para mi el viaje a Chile es una frontera entre un antes y un después en mi vida. Aprendí mucho en Lo Sierra y por eso he regresado en otras ocasiones y estoy seguro que regresaré muchas más veces.
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Grupo de refuerzo escolar

Pintando la capilla. La señora Mila del grupo solidario me decía:
"Albertico, pareces Miguel Angel pintando la capilla Sixtina"


Día de la solidaridad. Construcción de una habitación en una de las casas del Campamento Calama

El grupo de jóvenes de la Capilla

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De regreso a casa escribí esto sobre la experiencia vivida:

¿PORQUE CHILE?

Cuando explico a la gente la experiencia vivida durante el verano del 96 en Chile, muchos acaban con la fatídica pregunta: ¿Y porqué ir tan lejos cuando en tu propio país, en tu ciudad, hay también gente necesitada?

Antes de marchar yo mismo me había hecho esa pregunta muchas veces. Y por única respuesta encontraba una necesidad, un impulso que me mandaba hacia aquella tierra. Y entonces venía la otra pregunta: ¿Qué me impulsaba a ello?

La respuesta la encontré en Lo Sierra.

Durante los días pasados allá encontré un amigo. En realidad era alguien a quien ya conocía desde hacía mucho tiempo. Alguien que siempre había estado ahí aunque nunca había notado su presencia tan cercana. Poco a poco, conforme iban pasando los días, los pobladores de Lo Sierra, los jóvenes, los niños del refuerzo, las mujeres del grupo solidario, las hermanas de la comunidad religiosa, los sacerdotes, me fueron acercando a ése nuevo amigo.

Y ahora un "quién" ha sustituido al "qué" y la pregunta es: ¿Quién me impulsaba a ello? Y la respuesta es : aquel que encontré entre la gente sencilla y humilde : ¡JESÚS!

Y la misma gente que me dio la primera respuesta, me aclaró la solución del porqué ir a otra tierra en lugar de quedarme en la mía.

Desde el primer momento, los habitantes de la población nos acogieron, no sólo en sus casas sino también en sus vidas. Jamás había recibido tanto afecto en tan poco tiempo. En cada día, en cada hora, en cada minuto vivido, me hacían sentir como si estuviera en mi propia casa. Y esa acogida hizo nacer en mí un sentimiento nuevo: ¡Aquella también era mi tierra!

Ahora estoy convencido de que si Dios nos ha dado el mundo no es para que lo repartamos dividido en trozos. Es para que vivamos en él, en Catalunya o en Chile. Es para que convivamos con todos sus habitantes, en Catalunya o en Chile. Es para que cuidemos siempre de él, en Catalunya o en Chile. Es para que nos sintamos ciudadanos del mundo estemos donde estemos.

El tiempo corre y cada día que pasa es uno menos que queda para que llegue el momento de regresar a Lo Sierra, a ese trozo de mundo que nos ha dado Dios, para convivir con los que ya son mis hermanos, para vivir en la que ya es mi tierra.


Octubre de 1996