miércoles 5 de septiembre de 2007

Unción

En un "Fin de semana para tí", en el Monasterio de Les Avellanes, además de relajar nuestras mentes y nuestros espíritus, intentamos relajar también nuestros cuerpos. Yo recibí la ayuda de Elisenda, que además de brindarme un gratificante masaje, me brindó su amistad para siempre.
*

Las manos recorren el cuerpo.
El aceite se desliza por la piel.
El cuerpo se relaja.
Los músculos reaccionan.
La mente se pierde en el infinito.
Una música suena suave.
Una música...

Las manos recorren el cuerpo.

Es canción de cuna,
caricia oportuna.
El aceite marca el cuerpo
y, más allá, el espíritu.
Eres ungido.

Las manos recorren el cuerpo.

Relajan y abren.
Abren una puerta,
la puerta de los misterios.
El aceite hace deslizar
palabras que te entrego.
¿Sólo son palabras?

Las manos recorren el cuerpo.

Soy privilegiado,
soy el ungido.
Mi tributo a estas manos:
un trozo de alma
qué no es nada más
que un poco de amor.

Las manos recorren el cuerpo.

Manos...
Palabras...
Manos y palabras.


Para Elisenda
12 de mayo de 2007