En febrero de 2006 hicimos un viaje a Taizé con un grupo de jóvenes del Colegio Padre Manyanet de Barcelona, por iniciativa de mi gran amigo el Padre Oscar. Fue una experiencia de esas que se recuerdan toda la vida.
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Para quien no conozca que es Taizé, esto está extraido de la wed de la comunidad:
Taizé se encuentra en Francia, en el sur de la Borgoña. Es allí donde el hermano Roger fundó en 1940 una comunidad ecuménica internacional. Los hermanos se comprometen para toda la vida en el compartir de los bienes materiales y espirituales, el célibato y a una gran simplicidad de vida. Hoy la comunidad reúne a un centenar de hermanos, católicos y de diversos orígenes evangélicos, de más de veinticinco nacionalidades.
En el corazón de la vida cotidiana en Taizé, hay tres momentos de oración común. Los hermanos viven de su trabajo. No aceptan ninguna donación, ni regalos para ellos mismos. Algunos de los hermanos viven en pequeñas fraternidades entre los más pobres.
Desde finales de los años 1950, miles de jóvenes comenzaron a venir a Taizé para participar en los encuentros de oración y reflexión, semana tras semana. Así mismo, algunos hermanos de Taizé realizan visitas y animan encuentros, pequeños y grandes, en África, América del Norte y del Sur, en Asia y en Europa, como parte de una "peregrinación de confianza a través de la tierra".
Y si alguien quiere saber más:
El grupo en Taizé*
MI EXPERIENCIA EN TAIZÉ
A nuestro regreso Oscar nos pidió que expresaramos nuestra experiencia por escrito. Esta es mi experiencia en Taizé:
A veces nos creamos muchas expectativas frente a algo que ha de suceder. En mi caso, me había creado muchas del viaje a Taizé. Había escuchado hablar, conocía testimonios de gente que había estado, había participado n el encuentro que se celebró en Barcelona el año 2000, había visitado la web... Todo hacía pensar que sería una experiencia inolvidable. Pero además, tenía la sensación de que pasaría algo, que tendría la oportunidad de vivir algo especial.
Al llegar mis sentidos se pusieron en alerta máxima: tenía que estar a punto para recibir esta “cosa especial”. El repique de campanas anunciando la plegaria de la noche, el olor al entrar en la iglesia, la sobriedad del altar, la luz de las velas, los cantos, el silencio... fueron un cúmulo de sensaciones gratificantes pero... nada más. Sólo sensaciones...
Entonces alguien hizo un comentario: “que silencio tan bonito”... Esto me hizo intuir lo que sucedería.
El resto del viaje estuvo lleno de esas sensaciones gratificantes: más ratos de plegaria, las comidas, las chicas y los chicos del grupo... Sí, gratificante.
De camino hacia casa pensé: muy gratificante pero no ha sucedido nada especial. Allí dónde teóricamente debía encontrarlo... no estaba. Y de golpe mirando a mi alrededor me vi rodeado de aquel grupo de adolescentes comentando lo que habían vivido, riendo, cantando, viviendo... Y una agradable sensación invadió mi corazón. ¿Qué no estaba? ¡Y tanto! ¡Estaba en cada uno de ellos!
Y entonces los olores, las campanas, el silencio, los cantos... todo quedó impregnado de esta cosa especial que yo buscaba: todo quedó impregnado ¡por Él! Taizé me ha dado la oportunidad de ver a Dios en los ojos de aquellos que me rodeaban, de aquellos con quienes compartía, de aquellos que son nuestro futuro. Y eso ha sido una cosa realmente especial.
Gracias por esta mirada de Dios.
14 de marzo de 2006


1 comentarios:
Yo estuve en Taizé hace muchos, muchos años, en el 86. Era muy joven y la experiencia hoy día a mis 45 años me sigue sobrecogiendo, cuando veo las fotos de las campanas, los barracones, la carpa que se monta en semana Santa.
Recuerdo el frio y la lluvia, el barro y las duchas heladas!. Los grupos de trabajo, pelando patatas, Pero lo pasamos también muy bien.
Me impresionó mucho todo.
Soy Wodehouse y tengo un blog en internet:
pilarsmp.blogspot.com
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