sábado 1 de diciembre de 2007

Fin de semana en Les Avellanes

He llegado hace unas pocas horas al Monasterio de les Avellanes. Aquí el tiempo parece que se detiene. Sólo bajar del coche una sensación especial se apodera de mí ser. El aire es diferente, es como un bálsamo que penetra y relaja. Un bálsamo que aporta lucidez para poder analizar serenamente los problemas, las alegrías, la vida que llevas. Yo llego en buen momento. Un momento plácido dentro de una vida agitada, dentro de una vida meteórica. Por suerte hay momentos para detenerse. Momentos y lugares como éste. Ahora me acercaré a la iglesia. Allí reinará aquel silencio que se escucha y que rodea aquella imagen de Jesús que me cautiva cada vez que la miro. Después daré una vuelta al claustro y observaré un cielo limpio lleno de estrellas que parecen observarnos desde allá arriba. Y mañana compartiré mis inquietudes, mis anhelos, con un grupo de gente que sabrán escuchar y valorar lejos de las prisas del día a día.