domingo 30 de diciembre de 2007

Fin de año 2007

Llega el final del año e irremediablemente doy una ojeada al 2007, un repaso a lo que ha sido mi vida en este periodo de tiempo. La verdad es que no me puedo quejar. Ha sido un año de consolidación de proyectos profesionales y también personales. Unos proyectos que seguirán y marcarán el nuevo año que llega. Quizás debería calificar el 2007 de año de buena cosecha. Los esfuerzos han dado frutos. Veo todo lo que ha pasado, todo lo que he conseguido y automáticamente me viene a la mente aquello de “si el grano de trigo no cae en tierra y muerte es imposible que dé fruto”. Ha valido la pena “morir” para “revivir”. Y esto es extensible también a la vida personal, a la vida interior. También ha dado frutos. Me veo sumergido de pleno en mi vida laboral, haciendo lo que me gusta, dedicándome al teatro. También me veo sumergido en la consolidación de un proyecto de fe que este año, en el mes de marzo, me llevará hacia una experiencia en Colombia que ya ha empezado a marcarme profundamente y que, estoy seguro, será un punto de inflexión en mi vida, un punto de llegada y de partida. Y como no, estoy sumergido en un ambiente familiar y de amistad que me llena de gozo y de ilusiones. Evidentemente no todo son alegrías. También ha habido problemas y dificultades. La enfermedad ha golpeado gravemente a quien más quiero, pero la esperanza nos empuja a superarlo. Así pues, sirva este momento de reflexión, esta plegaria (porque así entiendo yo el hecho de rezar, como una reflexión personal de vida) para dar gracias por todo lo vivido y por todo lo que queda vivir. Que el amor sesté siempre presente.

Feliz año 2008.

PD. Recuerdo que la primera vez que viajé a Chile, sólo llegar participamos en una eucaristía. Aquel momento fue muy especial, todo era nuevo, incluso la forma que tenían de rezar. En un momento de la celebración, el sacerdote nos invitó a decir en voz alta el nombre de alguna persona a quien queríamos poner en presencia de Dios. Me gustó mucho ese gesto y ahora quiero hacerlo personalmente en esta, mí oración de fin de año. Gracias por estar conmigo, por formar parte de mí: Jimmy, Nuri (que me diste la vida), Antonio (el padre, que aunque ya no está, siempre está), Lluís, Iolanda, Alba, Jordi, Jana, Agustina, Estanis (amigo del alma), Jesús, Aurelia (mi monja preferida), Óscar (que me espera en Colombia), Teresa (no dejaremos nunca de escribir), Eli (con quien seguro compartiremos una gran experiencia), y todos los que siempre estáis (ya sabéis quienes sois...)

lunes 24 de diciembre de 2007

¡Feliz Navidad!


Pesebre

Ya tengo el pesebre a punto. Ayer por la mañana subí al desván para sacar la caja dónde guardo todo el material y me entretuve en montarlo: los trozos de corcho simulando las rocas, la tierra, el musgo, los árboles y finalmente las figuritas.
Recuerdo haber hecho esto toda la vida. Primero era mi madre quien lo hacía y yo siempre la observaba. Después empecé a hacerlo yo. Unos años más grande, otros más pequeño. Simulando las montañas o un desierto o, incluso, la playa. Hasta hoy.

Sí, el pesebre ya está a punto. Pero ¿y yo? ¿También estoy a punto? ¿Nos preocupamos de prepararnos, igual como hacemos con el pesebre, para esta fiesta que es la Navidad? El nacimiento de un niño es la consecuencia de un acto de amor. Él mismo constituye ese acto de amor. Y si eso es así, ¿será que Jesús nos trajo su mensaje desde el momento en que nació? Quizás no hace falta esperar a que diga aquello de “amaos los unos a los otros”, quizás no hace falta esperar la cruz, quizás no hace falta esperar su muerte. Quizás no hace falta seguir esperando. Quizás sólo nos hace falta prepararnos, abrir los ojos y mirar. Mirar de verdad todo lo que nos rodea. Mirar las “figuritas” del pesebre real que vivimos día a día. Y encontrar el amor. Es más sencillo de lo que parece.

El pesebre ya está punto. Pasado mañana nos reuniremos la familia y pasaremos el día juntos. Será un buen momento para abrir los ojos. Para mirar y para prepararnos porque al día siguiente volverá a nacer. Nacerá todos y cada uno de los días del año.

sábado 15 de diciembre de 2007

Navidad

Junto a la escuela dónde trabajo, hay una iglesia. Hace tiempo que descubrí Cristo Crucificado que hay en la entrada. Tiene una particularidad: está vivo. Tiene los ojos abiertos y mira el cielo. Y su mirada tiene algo especial que me cautiva. Entro muy a menudo y lo observo, nada más. Tengo suficiente con esto.

Pero de hace unos días que me cuesta entrar. De hecho, hoy mismo estaba en la puerta y he dado media vuelta. ¿Será, quizás, que el ambiente de Navidad me lleva hacia otra imagen de Jesús? ¿Hacia el Jesús del pesebre? ¿O es que este ambiente que nos rodea lo que hace es precisamente alejarme de él? Sí, creo que el ambiente navideño, el de la gente comprando compulsivamente, el de las cenas obligadas con “amigo invisible” incluido a alguien que ni siquiera te cae bien, el de las comidas familiares dónde lo importante es comer por encima de todo,... me aleja de la verdadera Navidad, del Jesús que habitualmente me acompaña, del que me sigue acompañando pese a que ahora me sienta fuera de órbita. Por suerte, su doctrina, su mensaje: el amor, está firmemente arraigado el mí. Confío en que pese a las compras, los “amigos invisibles”, los ágapes opulentos, nacerá de nuevo el veinticinco y también el veintiséis y el veintisiete y el resto de días del año, de la vida. Nacer de nuevo, esa es la clave.

Mañana entraré de nuevo y me dejaré cautivar por aquella mirada.

sábado 8 de diciembre de 2007

Un fin de semana para tí






Les Avellanes me ha vuelto a brindar una buena ocasión para descansar, reflexionar, meditar, orar... Y como siempre también he tenido la oportunidad de compartir. Quizás ésta es una de las cosas que más aprecio cuando estoy en esos fines de semana. Siempre hay caras conocidas, con las que vas profundizando en el conocimiento personal. Pero también aparecen algunas nuevas que aportan espíritu de renovación a los encuentros. Personas y entorno hacen de este encuentro una isla de paz en medio de la movida de la vida diaria. Gracias a todos los que lo hacen posible. Gracias a Dios.

sábado 1 de diciembre de 2007

Utopía

UTOPÍA: Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de la su formulación.

Hago un análisis del estado en que se encuentra mi vida en este momento. Muchos proyectos están consolidándose, siento como poco a poco el trabajo hecho con muchos esfuerzos, sin prisa, poco a poco, va dando su fruto. Trabajo en lo que me gusta y me siento feliz de poderlo hacer. Estoy conciliando mi vida laboral con la espiritual, haciendo que sean la una para la otra. Y esto hace que cada vez me sienta más cerca de Él. La familia sigue a mi lado y yo al suyo. La otra familia, la de los amigos que a veces son más familia, también está conmigo. Y, evidentemente, yo con ellos. Tengo a quien querer y me siento querido. Más que nunca. Y esto también hace que cada vez me sienta más cerca de Él. A más amor, más de Él en mi interior. Me faltan cosas todavía, muchas. De hecho creo que nunca lo tienes todo. Por suerte siempre hay nuevas cosas a lograr. Cosas por las que luchar y ilusionarse.

Pero hoy, haciendo este repaso, un pensamiento me ha invadido: ¡estoy tocando la utopía con las manos! Sí. Porque muchas de esas cosas que ahora tengo, que ahora me llenan eran utopías hace un tiempo. No creía que pudiera llegar a lograrlas nunca. Y en cambio, aquí están. Son mías. Aquellas utopías ahora son mías, forman parte de mí. Soy yo mismo.

Y esa sensación me empuja a andar hacia otras utopías que nacen a cada instante. Quizás algunas serán realmente irrealizables. Pero seguro que el camino será muy enriquecedor. Por suerte he aprendido a aprender de cada pasa que doy.

La utopía está en mis manos.

Monasterio de Les Avellanes, 1 de diciembre de 2007

Fin de semana en Les Avellanes

He llegado hace unas pocas horas al Monasterio de les Avellanes. Aquí el tiempo parece que se detiene. Sólo bajar del coche una sensación especial se apodera de mí ser. El aire es diferente, es como un bálsamo que penetra y relaja. Un bálsamo que aporta lucidez para poder analizar serenamente los problemas, las alegrías, la vida que llevas. Yo llego en buen momento. Un momento plácido dentro de una vida agitada, dentro de una vida meteórica. Por suerte hay momentos para detenerse. Momentos y lugares como éste. Ahora me acercaré a la iglesia. Allí reinará aquel silencio que se escucha y que rodea aquella imagen de Jesús que me cautiva cada vez que la miro. Después daré una vuelta al claustro y observaré un cielo limpio lleno de estrellas que parecen observarnos desde allá arriba. Y mañana compartiré mis inquietudes, mis anhelos, con un grupo de gente que sabrán escuchar y valorar lejos de las prisas del día a día.