viernes 21 de marzo de 2008
Cuatro díaS
VIERNES
Del Evangelio de Mateo.
Fue un poco más lejos y, tirándose en el suelo hasta tocar la tierra con su cara, hizo esta oración: “Padre, si es posible, aleja de mí esta copa. Sin embargo, que se cumpla no lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.”
Se marcha.
Nos deja con nuestras discusiones, sospechas y dudas.
Algunos van con él y se duermen.
El sueño les aleja de la realidad,
les aleja de un beso que marca el principio del fin.
Empieza el camino, su camino.
Cadenas y preguntas.
¿Eres tú el Mesías?
Tu lo has dicho.
Sigue tu camino.
Golpes, tortura.
No encuentro nada para poderle inculpar.
¡Crucifícale, crucifícale!
Son los mismos.
Son los suyos.
Los que le escuchaban.
Ahora son la voz.
La voz del odio,
de la envidia, de la venganza.
¡Crucifícale, crucifícale!
Sigue tu camino.
Azotes, espinas.
Yo me lavo las manos.
El peso de la cruz.
Las mujeres están en el camino.
La madre sufre.
Los golpes caen sobre los clavos.
Desgarran manos y pies.
Y el corazón de la madre.
La madera de eleva.
La sangre corre por ella.
Madre ahí está tu hijo.
Pero el hijo está ahí arriba.
Las lágrimas corren por su rostro.
Perdónalos, que no saben lo que hacen.
Todo ha acabado.
El cielo oscurece.
Canción: NO ES POSIBLE
No es posible
que suceda.
No es posible
que esto pase.
¿Dónde está el error?
¿Por qué no hace nada?
Lentamente camina
al compás de los golpes.
Poco a poco se acerca
al final de sus días.
Se resigna a morir
y nosotros no estamos.
No es posible
que suceda.
No es posible
que esto pase.
¿Dónde está el error?
¿Por qué no hace nada?
Desde la cruz observa
la hora que ha llegado.
Desciende del madero
inerte, abandonado.
La piedra del sepulcro
entierra la esperanza.
No es posible
que suceda.
No es posible
que esto pase.
¿Dónde está el error?
¿Por qué no hace nada?
Todo ha acabado bajo el cielo oscurecido,
bajo almas oscurecidas,
las nuestras.
El final del sueño.
De nuestro sueño.
Y la madre sigue al pie de la cruz.
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