sábado 22 de marzo de 2008

Cuatro díaS

Foto: Diego Granados

* * *
SÁBADO

Del Evangelio de Marcos.

Después de ponerlo en un sepulcro que estaba cavado en la roca, hizo rodar una piedra grande a la entrada de la tumba. María Magdalena y María, madre de José, estaban ahí mirando dónde lo depositaban.


Nada.
Eso es lo que queda.
Silencio, desolación,
oscuridad y tinieblas.

Miradas perdidas sobre la madera vacía,
ensangrentada.
Sangre de un inocente.

¡Era inocente!

La piedra se cierra estrepitosamente
sobre la tumba
y cae como una losa pesada
sobre nuestra conciencia.
¿A quién encierra?
¿A él?
¿A nosotros?
Detrás de la piedra no queda nada.
Pero...
¿dónde está el delante y dónde el detrás?
¿Quizás es dentro del sepulcro
donde no queda nada
o el vacío rodea a los que están a fuera?

Escucha...

Nada.
Desconcierto, angustia,
devastación y destrucción.
Las risas de algunos
retumban en las mentes
y se clavan como flechas hirientes
en los corazones afligidos.

Los cobardes siguen escondidos
detrás de puertas y ventanas.
Algunos siguen huyendo.
No queda nada
pero ellos siguen huyendo.
¿Hasta cuando?
Las horas se hacen eternas.
No parece haber final.
Ni principio.
Ni nada.

¡Nada!

Canción: NADA

No hay palabras.
No hay miradas.
No hay sonrisas.
No hay nada.
Los recuerdos son oscuros,
son amargos y confusos.

Un silencio que traspasa.
Son espinas,
son los clavos
y después, nada.

No hay palabras.
No hay miradas.
No hay sonrisas.
No hay nada.
Los recuerdos son oscuros,
son amargos y confusos.

Un silencio ensangrentado.
Es la lanza,
el olvido.
Y después, nada.

No hay palabras.
No hay miradas.
No hay sonrisas.
No hay nada.
Los recuerdos son oscuros,
son amargos y confusos.
Nada.


¿Nada?
Busca, piensa.
Recuerda.
Recuerda sus palabras.
Pan y vino.
Sus palabras
y el pan
y el vino.