sábado 5 de abril de 2008

Viaje a Colombia

Participantes de la Pazkua (Foto: Diego Granados)

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Ya han pasado unos días desde mi regreso de Colombia. El trabajo me ha absorbido de nuevo, estoy de pleno en mis actividades habituales. Podría parecer que todo es igual que antes del viaje. No es así. Han cambiado muchas cosas.

Por un lado la vitalidad renovada que siento en mi interior hace que todo lo que hago sea con más entusiasmo, con más ganas y pasión. El viaje ha supuesto una ruptura que ha dado empuje y energía a la vida.

He de poner en lugar privilegiado a las personas con las que he compartido. Para mi Colombia no es un lugar más de los que he tenido la suerte de visitar. Colombia son personas. Personas que me han llegado profundamente, que han estado a mi lado, que han compartido todo conmigo, que han hecho crecer más aún el sentimiento de amor a las personas que me invade desde hace tiempo. Sé que siempre se dice que mejor no decir nombres para no olvidar a nadie, pero yo necesito decir especialmente dos de ellos: Oscar, que me ha abierto las puertas de su casa, de su familia, de su pensamiento, que se ha preocupado a cada instante por mí y Diego, que, prácticamente sin conocerme, ha estado a mi lado compartiéndolo todo: anécdotas, historias, aficiones, anhelos y sobretodo amistad (y casi 2.000 fotografías…)

Otra gran experiencia vivida ha sido la presentación de “Evangelio anónimo”, un monólogo teatral que repasa la figura de Jesús de Nazaret que he representado por diferentes lugares. Pero más que la propia obra de teatro quiero destacar los coloquios que realizamos después de cada representación. He podido compartir mi espiritualidad con muchas personas que han abierto sus mentes y que me han conducido a descubrir ideas y pensamientos que estaban latentes en mi interior y que nunca hasta ahora habían aflorado. He de confesar que en algún momento me he sorprendido a mi mismo al ver lo que respondía a algunas preguntas. ¿De dónde he sacado eso?, me he preguntado en alguna ocasión. ¿De dónde? La respuesta es sencilla…

Y, cómo no, la celebración de la Pascua. La PAZKUA, que es como la hemos llamado allí. Durante cuatro días hemos explorado un nuevo vocabulario, hemos intentado encontrar aquello que buscamos a través de la mirada hacia uno mismo. Jesús se ha hecho presente entre nosotros en palabras, gestos, canciones, miradas, en las personas allí presentes. Jesús murió y vivió en cada uno de los que allí estábamos y nos hizo sentir el amor, el verdadero amor que es el que reside en aquel que camina a nuestro lado, en la gente que camina con nosotros.

Regresaré a Colombia, estoy seguro. Pronto. Siento que me quedan muchas cosas por descubrir en esa tierra preciosa e inmensamente rica. Y también en mí.

Gracias por cada una de las personas que se han cruzado en mi camino durante esta gran aventura. Ya formáis parte de mí.


5 de abril de 2008