
lunes 24 de marzo de 2008
sábado 22 de marzo de 2008
Cuatro díaS
* * *
DOMINGO
Del Evangelio de Lucas.
El primer día de la semana, muy temprano, fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Pero se encontraron con que la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida y, al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor.
Gritos y llantos.
Palabras entrecortadas.
¿Qué pasa?
¿Qué dicen?
La piedra.
La piedra se mueve,
todo se mueve.
¡No está!
¿Quién lo dice?
Ellas, las mujeres.
Ellas lo dicen.
Son las primeras.
Vacío.
Un vacío que llena de esperanza.
Pero ¿dónde está?
¿Quién se lo ha llevado?
¿Robado?
O quizás...
¿ha vuelto?
No puede ser.
La imagen es muy reciente.
Las espinas, los clavos,
la lanza.
La madera ensangrentada.
Sangre inocente.
¿Será posible?
Si no lo veo no lo creo.
Corramos a comprobarlo.
¿Por qué?
Él lo dijo:
Volveré.
Canción: ELLAS
Del Evangelio de Lucas.
El primer día de la semana, muy temprano, fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Pero se encontraron con que la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida y, al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor.
Gritos y llantos.
Palabras entrecortadas.
¿Qué pasa?
¿Qué dicen?
La piedra.
La piedra se mueve,
todo se mueve.
¡No está!
¿Quién lo dice?
Ellas, las mujeres.
Ellas lo dicen.
Son las primeras.
Vacío.
Un vacío que llena de esperanza.
Pero ¿dónde está?
¿Quién se lo ha llevado?
¿Robado?
O quizás...
¿ha vuelto?
No puede ser.
La imagen es muy reciente.
Las espinas, los clavos,
la lanza.
La madera ensangrentada.
Sangre inocente.
¿Será posible?
Si no lo veo no lo creo.
Corramos a comprobarlo.
¿Por qué?
Él lo dijo:
Volveré.
Canción: ELLAS
¿Será cierto lo que dicen?
¿Será cierto lo que hablan?
Dicen que no está.
Hablan del regreso.
El sepulcro está vacío.
Es un rastro de esperanza.
Ellas llegan las primeras.
Ellas son las elegidas.
Prometió que volvería.
Siempre cumple sus promesas.
Dicen que no está.
Hablan del regreso.
Sus palabras lo decían:
volveré al tercer día.
Ellas llegan las primeras.
Ellas son las elegidas.
Ahora sí que está,
ahora sí.
Dicen que le han visto,
ahora sí.
El amor nos ha llegado
la esperanza nos invade.
Ellas llegan las primeras.
Ellas son las elegidas.
Cumple su palabra.
Está aquí.
El silencio de María
Reflexión a propósito del dolor de una madre que pierde a su hijo de forma violenta y sin entender los motivos de su muerte.
* * *
EL SILENCIO DE MARÍA
JUAN: Madre, despierta. Tan solo era una pesadilla.
MARÍA: ¿Madre? ¿Por qué me llamas madre?
JUAN: Jesús lo dijo, ¿recuerdas?
MARÍA: ¿Cómo quieres que lo haya olvidado?
JUAN: Sus palabras resuenan en mi mente: “Madre ahí tienes a tu hijo y tú, ahí tienes a tu madre”.
MARÍA: Sí Juan. Él lo dijo. Pero mi hijo estaba clavado en el madero.
El hijo estaba clavado en el madero.
El hijo había sufrido el dolor de los golpes.
El hijo había sido coronado de espinas.
El hijo había sido insultado, humillado.
Y junto al hijo
la madre sufría el dolor de los golpes,
la madre sentía las espinas clavarse en su frente,
la madre se humillaba por los insultos.
Ella quería cambiarse por él.
Quería ocupar su lugar.
¿Qué madre soporta el sufrimiento de un hijo?
¿Qué madre soporta la muerte de un hijo?
A cada gota de sangre derramada
sus ojos liberaban una lágrima.
El silencio del hijo,
se convirtió en el silencio de la madre.
¿Quizás cedió a la resignación?
No.
Su silencio era silencio de dolor.
Sus sollozos apagados,
la rabia por la impotencia.
Impotencia ante la crueldad de sus semejantes.
Impotencia ante la injusticia.
Y esa impotencia
la clava en el mismo madero
que ocupa el hijo.
María muere lentamente junto a su niño.
María deja ir su último suspiro
junto al último suspiro de vida de Jesús.
María muere clavada en la cruz.
Muere en silencio.
El silencio es su único consuelo.
El silencio.
JUAN: Madre, yo cuidaré de ti.
MARÍA: Mi hijo estaba allí arriba, clavado.
JUAN: Madre, no te abandonaré jamás.
MARÍA: Mi hijo está en el sepulcro.
JUAN: Madre…
MARÍA: Mi hijo ya no está.
MARÍA: ¿Madre? ¿Por qué me llamas madre?
JUAN: Jesús lo dijo, ¿recuerdas?
MARÍA: ¿Cómo quieres que lo haya olvidado?
JUAN: Sus palabras resuenan en mi mente: “Madre ahí tienes a tu hijo y tú, ahí tienes a tu madre”.
MARÍA: Sí Juan. Él lo dijo. Pero mi hijo estaba clavado en el madero.
El hijo estaba clavado en el madero.
El hijo había sufrido el dolor de los golpes.
El hijo había sido coronado de espinas.
El hijo había sido insultado, humillado.
Y junto al hijo
la madre sufría el dolor de los golpes,
la madre sentía las espinas clavarse en su frente,
la madre se humillaba por los insultos.
Ella quería cambiarse por él.
Quería ocupar su lugar.
¿Qué madre soporta el sufrimiento de un hijo?
¿Qué madre soporta la muerte de un hijo?
A cada gota de sangre derramada
sus ojos liberaban una lágrima.
El silencio del hijo,
se convirtió en el silencio de la madre.
¿Quizás cedió a la resignación?
No.
Su silencio era silencio de dolor.
Sus sollozos apagados,
la rabia por la impotencia.
Impotencia ante la crueldad de sus semejantes.
Impotencia ante la injusticia.
Y esa impotencia
la clava en el mismo madero
que ocupa el hijo.
María muere lentamente junto a su niño.
María deja ir su último suspiro
junto al último suspiro de vida de Jesús.
María muere clavada en la cruz.
Muere en silencio.
El silencio es su único consuelo.
El silencio.
JUAN: Madre, yo cuidaré de ti.
MARÍA: Mi hijo estaba allí arriba, clavado.
JUAN: Madre, no te abandonaré jamás.
MARÍA: Mi hijo está en el sepulcro.
JUAN: Madre…
MARÍA: Mi hijo ya no está.
Cuatro díaS
Foto: Diego Granados
* * *
SÁBADO
Del Evangelio de Marcos.
Después de ponerlo en un sepulcro que estaba cavado en la roca, hizo rodar una piedra grande a la entrada de la tumba. María Magdalena y María, madre de José, estaban ahí mirando dónde lo depositaban.
Nada.
Eso es lo que queda.
Silencio, desolación,
oscuridad y tinieblas.
Miradas perdidas sobre la madera vacía,
ensangrentada.
Sangre de un inocente.
¡Era inocente!
La piedra se cierra estrepitosamente
sobre la tumba
y cae como una losa pesada
sobre nuestra conciencia.
¿A quién encierra?
¿A él?
¿A nosotros?
Detrás de la piedra no queda nada.
Pero...
¿dónde está el delante y dónde el detrás?
¿Quizás es dentro del sepulcro
donde no queda nada
o el vacío rodea a los que están a fuera?
Escucha...
Nada.
Desconcierto, angustia,
devastación y destrucción.
Las risas de algunos
retumban en las mentes
y se clavan como flechas hirientes
en los corazones afligidos.
Los cobardes siguen escondidos
detrás de puertas y ventanas.
Algunos siguen huyendo.
No queda nada
pero ellos siguen huyendo.
¿Hasta cuando?
Las horas se hacen eternas.
No parece haber final.
Ni principio.
Ni nada.
¡Nada!
Canción: NADA
Del Evangelio de Marcos.
Después de ponerlo en un sepulcro que estaba cavado en la roca, hizo rodar una piedra grande a la entrada de la tumba. María Magdalena y María, madre de José, estaban ahí mirando dónde lo depositaban.
Nada.
Eso es lo que queda.
Silencio, desolación,
oscuridad y tinieblas.
Miradas perdidas sobre la madera vacía,
ensangrentada.
Sangre de un inocente.
¡Era inocente!
La piedra se cierra estrepitosamente
sobre la tumba
y cae como una losa pesada
sobre nuestra conciencia.
¿A quién encierra?
¿A él?
¿A nosotros?
Detrás de la piedra no queda nada.
Pero...
¿dónde está el delante y dónde el detrás?
¿Quizás es dentro del sepulcro
donde no queda nada
o el vacío rodea a los que están a fuera?
Escucha...
Nada.
Desconcierto, angustia,
devastación y destrucción.
Las risas de algunos
retumban en las mentes
y se clavan como flechas hirientes
en los corazones afligidos.
Los cobardes siguen escondidos
detrás de puertas y ventanas.
Algunos siguen huyendo.
No queda nada
pero ellos siguen huyendo.
¿Hasta cuando?
Las horas se hacen eternas.
No parece haber final.
Ni principio.
Ni nada.
¡Nada!
Canción: NADA
No hay palabras.
No hay miradas.
No hay sonrisas.
No hay nada.
Los recuerdos son oscuros,
son amargos y confusos.
Un silencio que traspasa.
Son espinas,
son los clavos
y después, nada.
No hay palabras.
No hay miradas.
No hay sonrisas.
No hay nada.
Los recuerdos son oscuros,
son amargos y confusos.
Un silencio ensangrentado.
Es la lanza,
el olvido.
Y después, nada.
No hay palabras.
No hay miradas.
No hay sonrisas.
No hay nada.
Los recuerdos son oscuros,
son amargos y confusos.
Nada.
¿Nada?
Busca, piensa.
Recuerda.
Recuerda sus palabras.
Pan y vino.
Sus palabras
y el pan
y el vino.
viernes 21 de marzo de 2008
Cuatro díaS
VIERNES
Del Evangelio de Mateo.
Fue un poco más lejos y, tirándose en el suelo hasta tocar la tierra con su cara, hizo esta oración: “Padre, si es posible, aleja de mí esta copa. Sin embargo, que se cumpla no lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.”
Se marcha.
Nos deja con nuestras discusiones, sospechas y dudas.
Algunos van con él y se duermen.
El sueño les aleja de la realidad,
les aleja de un beso que marca el principio del fin.
Empieza el camino, su camino.
Cadenas y preguntas.
¿Eres tú el Mesías?
Tu lo has dicho.
Sigue tu camino.
Golpes, tortura.
No encuentro nada para poderle inculpar.
¡Crucifícale, crucifícale!
Son los mismos.
Son los suyos.
Los que le escuchaban.
Ahora son la voz.
La voz del odio,
de la envidia, de la venganza.
¡Crucifícale, crucifícale!
Sigue tu camino.
Azotes, espinas.
Yo me lavo las manos.
El peso de la cruz.
Las mujeres están en el camino.
La madre sufre.
Los golpes caen sobre los clavos.
Desgarran manos y pies.
Y el corazón de la madre.
La madera de eleva.
La sangre corre por ella.
Madre ahí está tu hijo.
Pero el hijo está ahí arriba.
Las lágrimas corren por su rostro.
Perdónalos, que no saben lo que hacen.
Todo ha acabado.
El cielo oscurece.
Canción: NO ES POSIBLE
No es posible
que suceda.
No es posible
que esto pase.
¿Dónde está el error?
¿Por qué no hace nada?
Lentamente camina
al compás de los golpes.
Poco a poco se acerca
al final de sus días.
Se resigna a morir
y nosotros no estamos.
No es posible
que suceda.
No es posible
que esto pase.
¿Dónde está el error?
¿Por qué no hace nada?
Desde la cruz observa
la hora que ha llegado.
Desciende del madero
inerte, abandonado.
La piedra del sepulcro
entierra la esperanza.
No es posible
que suceda.
No es posible
que esto pase.
¿Dónde está el error?
¿Por qué no hace nada?
Todo ha acabado bajo el cielo oscurecido,
bajo almas oscurecidas,
las nuestras.
El final del sueño.
De nuestro sueño.
Y la madre sigue al pie de la cruz.
Cuatro díaS
Cuatro días, reflexión poético-musical de la Pascua de Jesús, surgió como una propuesta para motivar los días de celebración de la Pascua Juvenil 2008 en la ciudad de Chia (Colombia). A partir de una breve introducción del Evangelio, que hace referencia a los acontecimientos sucedidos cada uno de los cuatro días de la Pascua, se sucede un texto que tiene un carácter poético y una canción. El objetivo es hacer reflexionar a quien lo escucha e introducirlo en el ambiente que reinará durante el día.
* * *
CUATRO DÍAS
-
* * *
JUEVES
Del evangelio de Juan.
Se levantó mientras cenaba, se quitó el manto, se ató una toalla a la cintura y echó agua en un recipiente. Luego se puso a lavarles los pies a sus discípulos y se los secaba con la toalla.
Nos ha llamado.
Nos reúne alrededor de la mesa
y nos sorprende lavándonos los pies.
A mí nunca me lavarás los pies.
Si no te lavo, no podrás compartir conmigo.
Lávame entonces.
Lávanos a todos, todos los días.
El agua limpia,
el agua purifica,
el agua refresca.
Pero también habla de traición.
Traición...
¿Quién podría?
¿Seré yo?
¿Acaso soy yo?
Y la oscuridad se cierne
sobre cada uno de los presentes.
Todos estamos presentes.
Las miradas se cruzan.
Las sospechas recaen
sobre las almas sorprendidas
que se desmoronan lentamente.
Nos acusamos los unos a los otros.
Él observa desolado.
No hemos entendido nada.
Le dejamos solo.
¡No! Nunca te dejaré.
Serás el primero en hacerlo.
Tres veces negarás.
Tres veces.
Una tras otra: no, no, no...
Tres...
El silencio es tenso.
No sabemos que decir.
No hay palabras.
O quizás si las hay.
Pero no nos atrevemos a pronunciarlas.
Si lo hacemos
¿qué dirá la gente?
¿Qué dirán?
Siempre el maldito “qué dirán”.
Cobardes.
Quizás eso es lo que somos.
Y él sigue observando.
Y espera para tomar el pan,
para tomar el vino.
Canción: TAN SÓLO ES PAN
Del evangelio de Juan.
Se levantó mientras cenaba, se quitó el manto, se ató una toalla a la cintura y echó agua en un recipiente. Luego se puso a lavarles los pies a sus discípulos y se los secaba con la toalla.
Nos ha llamado.
Nos reúne alrededor de la mesa
y nos sorprende lavándonos los pies.
A mí nunca me lavarás los pies.
Si no te lavo, no podrás compartir conmigo.
Lávame entonces.
Lávanos a todos, todos los días.
El agua limpia,
el agua purifica,
el agua refresca.
Pero también habla de traición.
Traición...
¿Quién podría?
¿Seré yo?
¿Acaso soy yo?
Y la oscuridad se cierne
sobre cada uno de los presentes.
Todos estamos presentes.
Las miradas se cruzan.
Las sospechas recaen
sobre las almas sorprendidas
que se desmoronan lentamente.
Nos acusamos los unos a los otros.
Él observa desolado.
No hemos entendido nada.
Le dejamos solo.
¡No! Nunca te dejaré.
Serás el primero en hacerlo.
Tres veces negarás.
Tres veces.
Una tras otra: no, no, no...
Tres...
El silencio es tenso.
No sabemos que decir.
No hay palabras.
O quizás si las hay.
Pero no nos atrevemos a pronunciarlas.
Si lo hacemos
¿qué dirá la gente?
¿Qué dirán?
Siempre el maldito “qué dirán”.
Cobardes.
Quizás eso es lo que somos.
Y él sigue observando.
Y espera para tomar el pan,
para tomar el vino.
Canción: TAN SÓLO ES PAN
Tan sólo es pan,
tan sólo es vino.
Acéptalos.
Es la mirada,
es la sonrisa,
es la palabra.
Frutos del día.
El pan de hoy y de mañana.
De todos los días.
Come en silencio.
Soy yo.
A ti te lo ofrezco.
A ti te lo entrego
para ser por ti entregado.
Tan sólo es pan,
tan sólo es vino.
Acéptalos.
Es la mirada,
es la sonrisa,
es la palabra.
Frutos del día.
Ésta es mi copa.
Bebe de ella el vino del día.
Bebe en silencio.
Soy yo.
A ti te lo ofrezco.
A ti te lo entrego
para ser por ti entregado.
Tan sólo es pan,
tan sólo es vino.
Acéptalos.
Es la mirada,
es la sonrisa,
es la palabra.
Frutos del día.
Para ser por ti entregado (2).
La hora se acerca,
su hora está cerca.
Será la hora de todos,
hasta de aquellos que nos escondemos,
de los que corremos asustados.
¿Qué dirán? ¿Qué dirán?
Es la hora.
Es su hora.
Nuestra hora.
domingo 16 de marzo de 2008
¡No padre!
¡NO PADRE!
Esa es la respuesta que algunos jóvenes dieron a sus párrocos frente a la exigencia de éstos a seguir una ortodoxia que hace que la juventud se aleje cada día más de la iglesia. Y lo negativo es que tras esa separación de la iglesia viene un alejamiento de lo espiritual, del encuentro con uno mismo.
Ese es el panorama que me he encontrado en Bogotá (Colombia) Por suerte, un grupo de esos “exiliados” que un día dijeron “no padre”, han decidido seguir adelante. Han decidido alejarse de esa iglesia que los maltrata porqué se han atrevido a cuestionar sus arcaicos métodos y a proponer un nuevo lenguaje, pero también cuidar esa espiritualidad que les hace ser personas repletas de valores y que hacen esta sociedad digna y valiosa.
Su actitud me llena de orgullo. Sí, me siento orgulloso de poder compartir con ellos sus anhelos, sus ambiciones, sus sueños. Esa actitud engrandece mi fe, me hace ver que realmente vale la pena luchar por los ideales, por esas cosas que a veces parecen utópicas. Esos jóvenes siguen adelante pese a los palos en las ruedas de aquellos que se creen en posesión de la verdad. Siguen adelante igual que Jesús, que se atrevió a romper con los cánones establecidos. Él dijo “no padre” hace dos mil años y hoy, gracias a Dios, siguen habiendo jóvenes que levantan su voz para cambiar las cosas que no van bien, que no funcionan.
Ojalá esos “padres” abran pronto sus oídos, sus ojos a la realidad de una sociedad que avanza en dirección contraria a la suya.
Yo también digo: ¡NO PADRE!
15 de marzo de 2008
Esa es la respuesta que algunos jóvenes dieron a sus párrocos frente a la exigencia de éstos a seguir una ortodoxia que hace que la juventud se aleje cada día más de la iglesia. Y lo negativo es que tras esa separación de la iglesia viene un alejamiento de lo espiritual, del encuentro con uno mismo.
Ese es el panorama que me he encontrado en Bogotá (Colombia) Por suerte, un grupo de esos “exiliados” que un día dijeron “no padre”, han decidido seguir adelante. Han decidido alejarse de esa iglesia que los maltrata porqué se han atrevido a cuestionar sus arcaicos métodos y a proponer un nuevo lenguaje, pero también cuidar esa espiritualidad que les hace ser personas repletas de valores y que hacen esta sociedad digna y valiosa.
Su actitud me llena de orgullo. Sí, me siento orgulloso de poder compartir con ellos sus anhelos, sus ambiciones, sus sueños. Esa actitud engrandece mi fe, me hace ver que realmente vale la pena luchar por los ideales, por esas cosas que a veces parecen utópicas. Esos jóvenes siguen adelante pese a los palos en las ruedas de aquellos que se creen en posesión de la verdad. Siguen adelante igual que Jesús, que se atrevió a romper con los cánones establecidos. Él dijo “no padre” hace dos mil años y hoy, gracias a Dios, siguen habiendo jóvenes que levantan su voz para cambiar las cosas que no van bien, que no funcionan.
Ojalá esos “padres” abran pronto sus oídos, sus ojos a la realidad de una sociedad que avanza en dirección contraria a la suya.
Yo también digo: ¡NO PADRE!
15 de marzo de 2008
miércoles 12 de marzo de 2008
Bajo las piedras milenarias
Fruto también de los escritos que hacemos con Teresa, es este que presento a continuación.
Recorro las calles.
El azar es quien me guía.
Me detengo y levanto la mirada.
El enorme edificio me contempla silencioso.
La puerta está abierta.
Entro.
El silencio llena el espacio.
Ojos de yeso vigilan con mirada fija.
El olor a cera quemada se mezcla
con el perfume del incienso.
Me siento sobre la madera vieja
de un banco desgastado.
Observo el lugar como he hecho tantas otras veces.
Siempre es diferente.
Siempre es la primera vez.
Bajo las piedras milenarias cierro los ojos.
Respiro profundamente.
Pienso en silencio.
Pienso en ti.
Ruego por ti.
Abro los ojos y la mirada se dirige a la cruz.
Miro el cuerpo torturado que se muestra al mundo.
Parece que Él también me mira.
Cierro de nuevo los ojos.
Pienso en silencio.
Pienso en ti.
Ruego por ti.
23 de agosto de 2007
* * *
Camino sin destino.Recorro las calles.
El azar es quien me guía.
Me detengo y levanto la mirada.
El enorme edificio me contempla silencioso.
La puerta está abierta.
Entro.
El silencio llena el espacio.
Ojos de yeso vigilan con mirada fija.
El olor a cera quemada se mezcla
con el perfume del incienso.
Me siento sobre la madera vieja
de un banco desgastado.
Observo el lugar como he hecho tantas otras veces.
Siempre es diferente.
Siempre es la primera vez.
Bajo las piedras milenarias cierro los ojos.
Respiro profundamente.
Pienso en silencio.
Pienso en ti.
Ruego por ti.
Abro los ojos y la mirada se dirige a la cruz.
Miro el cuerpo torturado que se muestra al mundo.
Parece que Él también me mira.
Cierro de nuevo los ojos.
Pienso en silencio.
Pienso en ti.
Ruego por ti.
23 de agosto de 2007
martes 11 de marzo de 2008
Evangelio anónimo
Hoy ha tenido lugar la primera representación del monólogo teatral Evangelio anónimo, en el Studium Generale de los Frailes Dominicos de Bogotá (Colombia). Una vez finalizada la presentación, se ha establecido un diálogo con los espectadores, la mayoria de ellos seminaristas. La experiencia ha sido muy enriquecedora.
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